-”¿Por qué seré moral?”- [...] En efecto, ¿por qué?.
Hace treinta años esta misma cuestión apasionó a la juventud rusa. -”Yo seré inmoral”-acababa de decir un joven nihilista a un amigo suyo, traduciendo en un acto cualquiera los pensamientos que le atormentaban. -”Seré inmoral, ¿por qué no lo seré?” -.
¿Porque la biblia no lo quiere? pero la Biblia no es más que una colección de tradiciones babilónicas y judaicas, tradiciones coleccionadas, como lo fueron los cantos de Homero o las leyendas mongolas. ¿Debo, pues, volver al estado de ánimo de los pueblos semi-bárbaros del Oriente?.
¿Lo seré porque Kant me habla de un imperativo categórico, de una orden misteriosa que sale del fondo de mi mismo y me ordena ser moral? Pero ¿por qué ese “imperativo categórico” ha de tener más derecho sobre mis actos que ese otro imperativo que de vez en cuando me incita a la embriaguez? ¡Palabras, nada más que palabras como las de Providencia o Destino, inventadas para cubrir nuestra ignorancia!. ¿O seré moral, para agradar a Bentham, quien me quiere hacer creer que seré más feliz si me ahogo por salvar a un transeúnte caído en el río, que si lo miro ahogarse?.
¿O quizá, porque tal es mi educación? ¿porque mi madre me enseñó la moral?. Pero entonces deberé arrodillarme ante la pintura de un cristo, o de una virgen, respetar al rey o al emperador, inclinarme ante el juez que sé que es un canalla, únicamente porque mi madre, nuestras madres -muy buenas, pero ignorantes- nos enseñaron un montón de tonterías?.
Prejuicios, como todo lo demás; me esforzaré por liberarme de ellos. Si me repugna ser inmoral, me obligaré a serlo como de adolescente me esforzaba por no temer a la oscuridad, el cementerio, los fantasmas y los muertos, con los cuales me había amedrentado. Lo haré para romper un arma explotada por las religiones; lo haré, en fin, aunque sólo sea para protestar contra la hipocresía que pretenden imponerme en nombre de una palabra a la cuál se ha denominado moralidad.
KROPOTKIN, PIOTR (1890). La moral anarquista. La Révolte. París.
